La “cara oculta” de las tecnologías
Que nadie dude de los beneficios de las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, porque bien es sabido que nos hacen la vida fácil y mejor.
Con ellas las distancias son más cortas y el mundo menos grande, las barreras lingüísticas casi no existen y los procesos que antes demoraban mucho ahora se ejecutan en cuestiones de segundos.
Pero también es cierto que acrecientan las diferencias sociales, puesto que todavía hoy todos no tenemos acceso a ellas, fomentan el consumismo, repercuten negativamente en la salud a través del conocido estrés visual, el insomnio, la sordera y la obesidad, nos alienan de la realidad y la gente, y si lo permitimos, hasta nos degradan moralmente haciéndonos cada día más insensibles y desamorados con los demás.
Por estos días sobrevuelan el ciberespacio varios guiños a las problemáticas que acarrean el uso indiscriminado de las tecnologías, como una imagen, quizá un tanto burlesca de la situación en la que a la famosa secuencia de monos que se tapan los ojos, los oídos y la boca le han sumado otro ‘embobecido’ con un celular, por cierto de marca iPhone, tal vez para subrayar el tema de la ‘marcamanía’ contemporánea. La foto contiene el siguiente texto: “¡Finalmente apareció el cuarto mono! Una combinación de los tres. No ve, no escucha, no habla”.
Las tecnologías han propiciado asimismo lo que se ha hecho llamar audiencias participativas, que no son más que aquellos individuos que sin apenas formación periodística, pero armados de dispositivos móviles, intervienen activamente en el proceso de producción de noticias en el escenario de las redes sociales.Y muchos de los asiduos visitantes de Facebook, Twitter, Instagram y YouTube lo agradecen, porque en varias ocasiones llegan a ser más inmediatos que los propios medios de comunicación de masas.
Pero lo que sí no puede pasar es que los cuasi-periodistas se preocupen y ocupen tanto por el hecho noticioso que desatiendan sus deberes cívicos en la sociedad y releguen a planos postreros el bienestar ciudadano y la vida.
Lo digo porque igualmente sé que hoy desandan los vericuetos del Internet algunos videos que enfocan la ira humana y la violencia, y desenfocan la responsabilidad, la solidaridad y la sensibilidad: Periodismo rojo.
No soy la única preocupada. Otros amigos y colegas han manifestado su angustia al respecto. Hablan de actos de barbarie, sangre fría, insensibilidad... Y es la verdad. Nos toca todos insistir nuevamente en la cultura de la civilidad y los valores humanos, y pedirles a los administradores de las redes sociales, blogs y sitios web que por favor no permitan que materiales como estos sean visualizados o subidos a sus plataformas digitales. Cuando divulgamos violencia, también la promovemos.
Aboguemos por el empleo sano de las tecnologías. No permitamos que el desarrollo nos haga involucionar.