Cuando mi jefa me llamó por primera vez un día a las seis de la mañana descubrí que en realidad el periodismo es una profesión que te quita el sueño. Así comienza generalmente una jornada laboral en cualquier medio de prensa, al menos en mi caso.
Luego te das cuenta que a penas has dormido cuando suena la canción de Carlos Varela “El despertar capitán del día, llena mi cama de algarabía”. Nada, el periodismo es como las novelas colombianas, “se sufre pero se goza.”
Las 24 horas del día no alcanzan para cuestionarlo todo. El buen periodista se pregunta desde cómo va la Bolsa de Valores de Chipre hasta qué y por qué la hormiga es el animal más fuerte del mundo.
Es tan divertido que a veces no te das cuenta y es cuando dices en tu primer año de trabajo, y en una cobertura en vivo que el cantante David Blanco dará un gran discurso en la Loma de la Cruz, cuando en realidad cantará, o a quien no le ha sucedido que cuando más emocionado estás en la cobertura especial se va la luz.
Hay que vivir la experiencia de ser periodista porque es un ejercicio que no tiene comparaciones.
Los periodistas se han acostumbrado al “horario cultural” de las coberturas, de ahí que los términos “el acto es a las nueve” significa que tal vez en una hora más pueda comenzar y entonces hay que sentarse porque la cosa es para rato.
Entendemos que somos una gran familia, siempre hay otro colega que toma notas por ti, que redacta la información por ti y hasta pone el titular por ti. Es un fenómeno que no se da mucho, pero sucede.
A ciencia cierta no sabemos si dormimos en el trabajo o trabajamos en la casa, de lo que si estamos seguros es que la noticia no puede esperar y hay que darla. ¿Qué periodista no espera a los famosos, pierde una grabación o tiene que decidir entre este titular o aquel? ¿Qué periodista no olvida su horario de almuerzo o comida, o comparte su información, o espera horas y horas por un entrevistado?
Que no cunda el pánico, los periodistas somos buenos y buenos. El 14 de marzo, Día de la Prensa Cubana es solo un pretexto para juntar a los colegas, a la familia, a los amigos.
Qué periodista no ha llegado sigiloso a una cobertura y desde el escenario te reconocen y te pones rojo cuando alguien dice “Bueno, se ha incorporado Radio Holguín con nosotros, pase periodista que tenemos su silla aquí”. Cosas del oficio que nunca se olvidan, o cuando vas a una cobertura de la zafra azucarera y te preguntas: ¿Qué es un basculador, qué es una caldera, porqué hablan como si yo lo supiera todo?
Eres periodista hasta cuando vas por la calle y como yo lees todos los carteles que te encuentras y le das un tono así con voz de locutor como esos que dicen “La verdad se dice así, Noticiero Nacional de Radio.”
La familia de la prensa holguinera no descansa porque hay un pueblo que informar, hay un hecho que develar y una historia que contar. Donde hay periodistas no ha fantasmas.
Forma parte de nosotros, súmate al periodismo, demuestra que tienes motivos para salir con un periodista, redacta la noticia, carga las pilas, maquíllate, prepara los micrófonos y entra al estudio porque esta profesión es para rato.