Necesito ser maestra
Conversar con Arelis Barrera San Juan, maestra de 34 años de experiencia, es asistir a una demostración de fe por la profesión, sus ojos delatan a una mujer exigente y tierna, capaz de señalar con todo ímpetu dónde está el error y brindar inmediatamente su mano para repararlo.
Dispuesta al diálogo, confiesa que inició su vida profesional como maestra de quinto y sexto grado en la cooperativa agropecuaria “Guillermo Espinosa” del municipio Urbano Noris. “Fue difícil, pues estaba recién graduada. Asumí el reto y aquí estoy, afirma, 34 años después, en la escuela primaria Rubén Bravo del municipio Holguín, con la misma alegría y emoción de encontrarme cada día con los niños, mi escuela, mi aula, no me concibo en otra profesión."
“He vivido experiencias únicas, y todas me han ayudado a reafirmar la vocación por el magisterio. En cierta ocasión, por razones personales me trasladé de escuela, y los niños de mi aula no dejaron que la fecha escrita en la pizarra fuera borrada por el otro compañero que aceptó la petición, solo el tiempo borró la letra de la maestra, como decían los alumnos, pero no mi presencia entre ellos."
“Hay otras experiencias desgarradoras, como aquel día, estaba en mi casa y me llamaron, pues el padre de un alumno había fallecido. Rápidamente fui para su hogar, cuando el niño llegó me encontró allí, se sentó en mis piernas, lloré junto a él, y le pude dar los primeros momentos de consuelo, fue muy duro, pero así es la vida de una educadora o educador de la enseñanza primaria, eres una parte de su familia, y eso es decisivo en la tarea de enseñar y educar."
La autosuperación y la preparación es necesaria para esta profesión, y nadie crea que me refiero solo a la formación metodológica, a los estudios de posgrado, las maestrías, útiles e imprescindibles. Hay otra necesidad de superación que impone la vida, particularmente he tenido que dedicar tiempo, consultar a los docentes de la enseñanza secundaria pues los niños cuando tiene dudas, sobre todo en séptimo grado, vienen a mi casa o a la escuela para que les ayude en el proceso de estudio.”
A pesar de los años transcurridos, recuerda con mucho placer a los maestros que le inculcaron la pasión por la profesión, y agradeció a la Asociación de Pedagogos de Cuba en la provincia por la posibilidad de compartir sus experiencias con otros colegas que han servido para confraternizar, reencontrarse y pensar cómo perfeccionar el trabajo diario.
Casi en la despedida reafirma que le gusta ser maestra, “es algo que necesito, las emociones que experimento cuando entro al aula y comienza la clase, son únicas, siento que me transformo, los problemas y preocupaciones personales quedan atrás, ahora es una nueva Arelis, madre, maestra, amiga, tutora."
“A los niños que forman mi aula me debo, es mi responsabilidad con el futuro, y no les puedo fallar, yo se que algún día lo recompensarán cuando los encuentre en la calle, en un consultorio, en una fábrica, en una escuela y me digan en alta voz con orgullo, felicidades maestra, pase que necesita, mire esta es mi familia, la que usted me ayudó a formar.”