El profe del derecho agrario
Al profe Julio Fernández Arguelles lo recomendaron sus propios compañeros. Un aval como ese en estos tiempos es bastante difícil de evadir, sobre todo si su labor ha estado unida a una de las actividades de alta prioridad para nuestro país: la agricultura.
La Sociedad de Derecho Agrario de Cuba le entregó recientemente un reconocimiento especial por su valiosa contribución al desarrollo y formación de esta especialidad. Estimulan así los juristas cubanos, sus 67 años dedicados a la formación de valores y conocimiento de muchas generaciones.
Fundador del Instituto Nacional de la Reforma Agraria, y del Capítulo Provincial de Derecho Agrario en Holguín, este jurista de origen campesino ha encontrado su esencia allí donde se inició desde muy joven.
“Mi papá era machetero y yo trabajaba con él, por eso me pusieron a tasar, porque conocía los detalles de la siembra del plátano, el boniato, la caña, ese fue mi origen. En 1960 me incorporé de supervisor en el Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA), creado por Fidel en junio de 1959, después trabajé en el departamento legal como especialista. En el año 68 hicieron una restructuración y me hicieron jefe del departamento legal del INRA en la región; 37 años estuve en la agricultura hasta el año 1997”.
Se hizo jurista en la facultad obrero campesina de Santiago de Cuba, pero su apego al derecho agrario viene de su amor por la tierra.
Julio vivió los primeros pasos de la legalización de las tierras en la provincia de Oriente tras la primera y la segunda Ley de Reforma Agraria. Experiencia que adquirió en su relación estrecha con el sector desempeñando diversas funciones.
“Aprendí a controlar la legalidad de la tierra en el campo, en el año 66 cuando se empezaron a comprar las fincas, que se abrió a los campesinos la posibilidad de compra, el primer tasador también fui yo”.
“Lo primero que se hizo fue nacionalizar las propiedades extranjeras, los latifundios, las grandes fincas mayores de 30 caballerías y aquellas que estaban en excepcionales condiciones de producción que no eran un freno para el desarrollo económico del país, ni estaban involucradas con acciones en contra de los poderes del estado cubano, incluso se le hicieron excepciones. Pero empezaron a darse contradicciones entre los capitales, porque la mayoría abrumadora de la tierra estaba en manos de compañías extranjeras como la Unite Fruit Company, hubo muchos tenedores de fincas que estaban entre cinco y 30 caballerías que no se habían tocado pero empezaron a apoyar la contrarrevolución y entonces se dicta la Ley del tres de octubre de 1963”.
Dirigió el Capítulo holguinero de Derecho Agrario hasta el año 2010 cuando se fue a cumplir una misión de colaboración en Venezuela.
A su regreso se jubiló pero ahí no acabó su trabajo. Siguió vinculado al derecho agrario, atendiendo la Empresa Azucarera.
El reconocimiento llega a sus 76 años por la obra de una vida dedicada al derecho y a la agricultura.
“Pienso que como yo hay muchos que deberían recibir el reconocimiento, vale mucho, pero aún así he estado y seguiré dispuesto a seguir contribuyendo y transmitir lo que sé a todo el que quiera aprender sobre esta maravillosa especialidad del derecho”.
Con una gran experiencia en la rama agrícola y el derecho aplicado a ella, el profe Julio considera que el Derecho Agrario debe evolucionar mucho más para que cumpla propósitos mayores en la necesidad imperante de nuestro país por desarrollar y hacer más eficiente su agricultura.