Evadir lugares comunes resulta difícil al adentrarnos en la esencia de una palabra amplia por su significado, hermosa en su poética existencia y hacedora de verdades desde lo profundo de su accionar, más allá del paso veloz por la vida, ese que vence el rigor de los años entregados con ternura.
Una cualidad inherente a esa palabra es ternura, afianzada en el lirismo de su interpretación, aferrada a la sabiduría que aporta y enriquece, critica y elogia, porque nada más cercano que definirla como poema amoroso para la eternidad es otra manera de validar su significado.
Ni la muerte puede hacer fenecer su valía porque esta palabra oxigena en su accionar la vida, proporciona vitalidad a todo lo que hacemos, no solo en el mes de mayo porque quiénes la honran devienen manantial de amor sincero y ternura infinita.
Arropada por las mejores dueñas de esa fortuna convertida en privilegio, todos los días son protagonistas aunque en mayo una jornada dominical justifica un manantial de regalos y evocaciones como premio a su existencia, por ser hacedoras de la maravilla que palpita en el corazón de un poema.
Madre, palabra que posee una fuerza especial, fiel compañía en los buenos y malos momentos de la vida, poema amoroso para la eternidad porque vence el olvido, enfrenta el desafío contenido en la desaparición física, esa que es incierta porque siempre estas presente.
En pocas palabras se puede definir su valía. "La madre es grata dulzura que llena todo a su alrededor, es también la mayor de las bendiciones, sus enseñanzas multiplican la esperanza, proporcionan luz al camino que transitamos, convencidos de estar bien acompañado.