Empresas innovadoras, algo posible
El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ha insistido con gran énfasis en la necesidad de combinar adecuadamente la innovación, la ciencia y la investigación para hacer de las empresas del modelo cubano de desarrollo entidades competitivas y eficientes.
La afirmación no por importante es nueva, pues el propio entorno sociopolítico de la sociedad cubana ha obligado, a desarrollar múltiples iniciativas para enfrentar los retos que el bloqueo del gobierno de los Estados Unidos impone a Cuba.
Esas iniciativas han sido y lo son expresiones de una capacidad innovadora, pero, en las condiciones actuales, es imprescindible cambiar el enfoque tradicional de la innovación como subsistencia, a una proyección estratégica que permita la inserción de los productos cubanos en el mercado regional o mundial, con estándares muy exigentes.
Significa que la adopción de esta filosofía exige cambios radicales en la manera de pensar y actuar en las empresas y entidades, despojar viejos esquemas y comprender que toda empresa o entidad, puede innovar independientemente de su tamaño, objeto social, acceso a la tecnología, si dispone de un capital humano motivado y enfocado en la innovación como herramienta de cambio y perfeccionamiento.
Ese capital humano es el que genera las ideas de proyectos, que pueden cambiar la vida de la entidad, para eso se demanda de los directivos un enfoque cooperativo, donde prevalezca el diálogo, es decir la estimulación al trabajo en equipo.
Hay que fomentar una visión optimista de la empresa, pues el innovador aprecia soluciones donde otros ven dificultades, convirtiendo el problema en una oportunidad de desarrollo y no en un obstáculo insalvable.
Por supuesto nada de lo anterior se logra si en la empresa no se proyecta por una estrategia y cultura innovadora, y planifica, los recursos humanos y materiales que la faciliten gestionar la innovación como un componente del ciclo de dirección.
Lo anterior se traduce, entre otras direcciones, en la capacidad de liderazgo de los directivos, quienes faciliten espacios para la discusión y la exposición de ideas sobre los procesos productivos y la vida de la empresa en general.
La adopción de una concepción estratégica de la innovación no es algo alcanzable por decreto, es un proceso que modifica aptitudes y actitudes, deben cambiarse los hábitos y costumbres de los colectivos laborales, hay que trabajar con disciplina y rigor, y hay que estimular a las personas o colectivos que demuestran una cultura innovadora, y no me refiero a campañas, emulaciones, es más complejo, es crear un cultura de la innovación fomentada en la ciencia y la técnica.
La economía cubana actual y su sistema de empresas y entidades demandan de esa cultura innovadora para atraer capital extranjero hacia las inversiones propuestas en las carteras de negocios que cada año se presentan en ferias nacionales o foráneas, y lo demanda también el análisis de cómo fortalecer los procesos de encadenamiento productivo entre entidades estatales y el sector no estatal.
Los objetivos están trazados con claridad meridiana, ahora depende de cómo hacerlos viables en cada una de las organizaciones de la economía nacional.