Sin clientes no hay modelo
Generalmente como clientes valoramos casi de manera absoluta la relación precio-calidad-cantidad. Si las proporciones son adecuadas a nuestros intereses y posibilidades financieras se produce el acto de la comprar venta.
En ese instante debe producirse una doble satisfacción, la del comprador o cliente, que adquiere el bien o servicio demandado, y la del vendedor que realiza su función generando ingresos a su negocio o empresa.
Pero el acto no termina en ese momento. Para el vendedor los más importante es que el cliente retorne nuevamente a su establecimiento para adquirir nuevos productos, y que además lo comente con otras personas y así estará promoviendo de manera gratuita y directa el negocio de referencia.
Pero qué pasa si el vendedor pierde esta perspectiva, pues de manera directa pierde a los clientes y sus ingresos dejarán de llegar a las arcas de su empresa.
Los criterios expuestos pueden encontrarse en múltiples textos dedicados al marketing y la gestión de ventas, es una práctica cotidiana de la actividad del comercio. Y una asignatura pendiente en el empeño cubano de adecuar el modelo económico a las condiciones actuales de nuestro entorno.
Años de un mercado cautivo de múltiples necesidades, impuestas por la política de bloqueo, limitando a la satisfacción de las necesidades más perentorias del ciudadano, tanto de alimentación como otros bienes, incluso juguetes, distribuidas a través de la libreta de racionamiento, han dejado sus marcas y son muy difíciles de eliminar. La imperiosa necesidad de alimentar a todos, impulsó los productos a granel, que junto al racionamiento limitaron el acto de compra venta a una simple operación de visitar los mercados a buscar lo que tocaba por la libreta, sin opciones de elección.
Se perdió el sentido de la atención al cliente. Y en mi opinión no es solo un lastre presente en las instituciones estatales, en muchos establecimientos particulares, algunos venderos o prestadores de servicio, consideran que el cliente debe subordinarse a sus proposiciones sin chistar, pues el negocio es particular, y él hace lo que quiere.
La atención al cliente debe hacerse integral, buena presencia, limpieza, calidad en los productos, pesaje correcto, bolsas para el transporte de la mercancía y trato afable, unido a un local con las condiciones mínimas, pero adecuadas, deben ser la carta de presentación en los establecimientos.
Hoy el entorno ha cambiado un tanto, florecen muchos negocios no estatales, se aprecia una gestión de ventas, la competencia se empieza a reconocer. En el sector estatal la remodelación y apertura de nuevas unidades apuntan a la recuperación de los servicios, pero, queda la asignatura pendiente de la atención al cliente, en uno y otro sector, pues de nada vale buenos locales climatizados, con ofertas, no siempre populares, si al visitarlos sentimos que no fuimos importantes y no deseamos repetir la experiencia.
La implantación de nuevos modelos de gestión, no es solo una idea acompañada de disposiciones legales y de política fiscal, es ante todo un acto de reconocimiento del inicio de una nueva época donde el cliente, debe tener la razón y la satisfacción de ser bien atendido, pues de nada vale plantearnos un nuevo modelo económico si, nosotros los clientes no sentimos la necesidad de retornar a los mercados.