Beisbol cubano en Perú, más allá de un resultado
El discreto desempeño del equipo cubano de beisbol en el tope amistoso frente a la selección de Nicaragua activó las alarmas de los aficionados en todo el archipiélago, porque era evidente que algo andaba mal de cara a los Juegos Panamericanos de Lima, Perú.
Con la pobre demostración del plantel general en los juegos múltiples de Lima la catarsis ha llegado a niveles insospechados, porque la pelota en Cuba es pasión, manantial de criterios donde abundan los portadores de las entrecomilladas verdades absolutas.
Sin embargo, confieso que más allá de lo ocurrido, la crisis que atraviesa el beisbol en Cuba tiene más de un lustro oficial, por eso la mirada hacia adentro tiene que ser profunda, abarcadora y crítica, despojada de justificaciones o paternalismo, porque es indiscutible que los cambios en todos los sentidos se hacen evidentes.
Ahora que se aprecia un renacer de la industria deportiva hay que incrementar la producción de implementos destinados a la base para lograr que se juegue más en barrios, escuelas y consejos populares de manera sistemática, además es importante la superación y actualización de los entrenadores a todos los niveles.
Otra prioridad debe estar en el análisis de los planes de entrenamiento no solo del equipo nacional, también en lo concerniente al intercambio entre técnicos cubanos y de otros países, en la búsqueda de fortalecer un trabajo y cambiar todo lo que debe ser cambiado.
No comparto el criterio alentado por la recurrente frase de "el problema de la pelota está en la base" hay que verlo a todos los niveles, sin olvidar que los recursos materiales tienen una indiscutible relevancia si queremos mejorar la negativa imagen que ha dejado el beisbol cubano internacionalmente en los últimos años.
Otras sugerencias están encaminadas hacia la necesaria ampliación en cuanto a cantidad de partidos que juegan los peloteros escolares y juveniles, tanto en el ámbito municipal como en los niveles provincial y nacional, aunque no obviamos las limitaciones existentes, las cuáles deben atenuarse con iniciativas creadoras impulsadas desde la objetividad.
Sería recomendable abrir la posibilidad del debate a los aficionados, así mismo, a los integrantes de las peñas deportivas, los miembros de los consejos voluntarios deportivos, también a las glorias y figuras relevantes de este deporte.
El ejercicio del criterio respaldado por el amor al béisbol tiene que dar sus frutos, no hay otra alternativa.