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Detalles con atuendo deportivo

21 Diciembre 2018
Autor  José Antonio Chapman Pérez
Foto: Cubadebate

Está demostrado de disímiles formas que en la vida lo absoluto puede tener tanta relatividad como criterios en diferentes temas, capaces de incentivar la polémica siempre sobre la base de lograr consenso, si las opiniones navegan en el tranquilo cauce de la sinergia grupal.

Precisamente despierta este análisis la cultura del detalle con atuendo deportivo, esa que no está reñida con la educación en valores a partir del ejemplo, con un elemento medular el comportamiento adecuado en un escenario competitivo o fuera del mismo.

El servicio que brinda el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y  Recreación (Inder) a través de profesores y activistas hay que verlo desde el combinado deportivo hasta el ámbito nacional, siempre con la mirada puesta en elevar la calidad de vida del pueblo.

Ahora bien. Es importante en todo momento priorizar la búsqueda constante de la excelencia, estimular la creatividad en aras de atenuar las limitaciones actuales porque es cierto, hay carencias de recursos, lo que no justifica un mal servicio o el notorio acto de cruzarnos de brazos.

Todo lo señalado invita a repensar el trabajo educativo en todas las instituciones porque la cultura del detalle va más allá de gestos amables, frases optimistas o la llamada catarsis ante procesos que convierten lo extraordinario en cotidiano.

No se trata de alentar un panorama cargado de elogios, alejado de la realidad, lo vital es sembrar el futuro, hacer caminos con elevado sentido de pertenencia, respeto al bregar diario con la exigencia como vía expedita hacia el  logro de mejores resultados integrales.

¿Cómo cultivar la cultura del detalle en el organismo deportivo? Sin teques, con la verdad como premisa, a través de la calidad en el servicio, respaldadas por la cortesía, el buen trato, la amabilidad todo desde  la profesionalidad, esa que se demuestra con resultados y no con palabras edulcoradas.

En el saludo, la palabra sincera y optimista, el regalo oportuno, el estímulo constante al preciosismo en todo lo que hacemos, está presente el detalle. Un ejemplo tangible lo apreciamos en los círculos del adulto mayor, estimulados por los profesores que los atienden, momentos  en los cuáles el detalle adquiere familiaridad tal que contagia, convierte cada sesión en espacios para fortalecer el bienestar espiritual.

No hay exageración al afirmar, en la misma proporción que seamos amables, hospitalarios y responsables, daremos un paso mas hacia el fortalecimiento de la cultura del detalle, esa que abre  puertas a la sabiduría, el amor y el crecimiento continuo de las relaciones interpersonales.

No se trata de atiborrar de elogios a una persona o un resultado deportivo, mucho menos colmarlos de regalos, lo esencial es actuar con sinceridad, cariño y respeto, es imprescindible decir no a la hipocresía o la cacería de errores.

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