Las manos no podían quedarse inmóviles, salían de los cuerpos sobre lunetas, como los bailarines danzaban de manera perfecta, sincronizados en un Mambo 321, coreografía de George Céspedes, un ciudadano del mundo, como se siente el autor de una obra maestra de Danza Contemporánea de Cuba, en un fin de semana de lujo en escenarios holguineros.