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El son es lo más sublime para el alma divertir

12 Marzo 2017
Autor  Manuel Zaldivar Mora

Unos de los músicos más significativos en la historia de la música de nuestra Isla, sin duda, lo es el compositor Ignacio Piñeiro.


Nació el 21 de mayo de 1888 en la ciudad de La Habana.Siendo aun niño se mudó con sus padres de su barrio natal, Jesús María, para el de Pueblo Nuevo, donde se inició su vida musical cantando en coros infantiles. En 1926 fue contrabajista del Sexteto Occidente, de María Teresa Vera, con el que viajó a New York. A su regreso a Cuba, en 1927, fundó el Sexteto Nacional.
Al músico cubano Ignacio Piñeiro se le considera entre los precursores del son pero además incursionó en otros géneros. Su obra es también símbolo de lo nuestro. En su catálogo hay cerca de 300 obras, muchas de ellas aún se cantan. Permanecen jóvenes porque la buena música no tiene edad. Hoy abundan versiones antiguas y contemporáneas.
Las obras de Ignacio Piñeiro le han ganado al tiempo. En el disco “La rumba soy yo” premio Grammy Latino dos mil uno se incluye un clásico de su autoría y lo canta la voz privilegiada de Jaila María Mompié “Sobre una tumba una rumba”.
En 1927, fundó agregándole una trompeta el todavía actual Septeto Nacional, el cual dirigió triunfalmente hasta el 12 de marzo de 1969 en que falleció. Fueron los años en que Piñeiro creó notables sones campesinos urbanos: rumbas, lamento, pregones, entre ellas las tituladas: “Cuatro palomas”, “Estas no son cubanas”, “Échale salsita”, “Suavecito”, “No juegues con los santos”, entre otros.
Ignacio Piñeiro, el gran revolucionario del son, tiene sitio permanente en la música cubana. Por algo se sigue cantando aquel estribillo: “El son es lo más sublime para el alma divertir”. Aún divierten al espíritu las obras de aquel hombre nacido en 1888 que se multiplicó en el tiempo hasta hacerse imprescindible.

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