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La vida misma

07 Noviembre 2016
Autor  Fidel Troya García
Maite Santiesteban, destacada locutora y presentadora de programas de la radio y la televisión. Foto: Heidi Calderón Sánchez

No fue difícil concertar la entrevista. El diálogo fluyó libre, abierto, provocador. Los breves silencios jugaron esa función dramática que le asignan los teóricos para inducir, motivar razonar y mantener la utopía de los sueños de alguien que nació predestinada para hacer de la locución: La vida misma.

Conversar con Maite Santiesteban, destacada locutora y presentadora de programas de la radio y la televisión, es como una fiesta de la comunicación. Ella es reina de la palabra, su voz cautiva cuando dice:
“Todo llegó casi sin pensarlo nunca me había imaginado que podía o que iba a trabajar en los medios, desde pequeña, me gustaba mucho leer, y los profesores me pedían que fuera la monitora de la asignatura de español; realmente yo tenía la habilidad de decir y escribir correctamente las palabras, saber su significado, y eso lo debo, no a una condición particular, sino al hábito de la lectura.
En la escuela de economía, mientras estudiaba planificación, ingresé en un círculo de interés de la radio con el profesor Félix González Vega. Como parte del trabajo en el círculo, veníamos a Radio Angulo para hacer las prácticas, así comencé a realizar mis primeros programas. Me gradué en la escuela de economía, pero ya la pasión por la radio y los medios se había ganado mi corazón y entonces, Radio Angulo se convirtió en mi primer centro de trabajo.
Poco después llegó la televisión y comencé a trabajar en los dos medios, pero no pienses que es algo sencillo. Cada medio tiene sus propias exigencias y te imponen sus propios retos. Yo comparto el criterio de que la radio es la base; fíjate que hay personas que han llegado directamente a la televisión sin la experiencia de trabajar en la radio, y tú sientes que le falta algo; yo no puedo definirlo con palabras, es algo más cercano a los sentimientos, a las habilidades, a la capacidad de imaginar y crear un mundo en la mente del oyente. La radio es la base, aquí se aprenden los pequeños trucos del oficio, exige mucha imaginación.
Por supuesto que la televisión tiene su encanto. Te exige otra manera de decir, de ganarte al televidente, ya no eres solo voz, eres imagen y si lo haces correctamente, de pronto tienes a miles de personas esperando que entres a sus casas y converses con ellos. En fin que cada medio tiene sus peculiaridades y lo mejor es no encasillarte en uno, sino trabajar en ambos.
El trabajo del locutor y presentador de programas es muy complejo, cada espacio tiene sus peculiaridades, saber que no es lo mismo leer una noticia que presentar a un invitado; no todas las noticias se leen o dicen igual, hay que tener en cuenta el tono, el ritmo, la intensidad de la voz, para lograr la comunicación con el oyente o el espectador. Y tienes que controlar tus emociones; imagínate la lectura de la información de un accidente masivo del tránsito, o de una nota oficial de estado y no puedes exteriorizar tus inquietudes, se necesita en ese momento mucho autocontrol para que el público entienda la gravedad del momento.
Siempre hay retos que asumir, los actuales son muchos: las nuevas tecnologías, las nuevas generaciones de periodistas y conductores, la producción digital, la necesidad de abordar nuevos contenidos, impensables en otra época, pero habituales ahora, que no se pueden asumir sin una constante superación profesional, asumida como algo personal, sin esperar por planes o cursos.
Yo no concibo mi vida fuera de los estudios de la radio o la televisión, para mi estar en un programa, es realizarme a plenitud, sentir que te espera alguien a quien no conoces pero confía en ti, escuchar a los oyentes agradeciendo tu trabajo, me compromete, esa convicción la asumo todo los días, como si fuera el primer programa que voy a realizar.
Sin ninguna petulancia te confieso que trabajar en los medios es para mí: la vida misma."

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