En el 2002, año del fatídico accidente que lo apartara de su pueblo, Fernando Borrego Linares, Polo Montañez, y su grupo Cantores del Rosario, ofrecieron el primer y último concierto a los holguineros. Encuentro que sellaría para la posteridad una unión tan sólida como eterna.
Polo fue un personaje sin igual, de una transparencia y nobleza propias de nuestros campos cubanos, que conmueven, que atan. Según su primera maestra María Ferrer, siempre quiso ser cantante, y por el camino muchos desearon ayudarle a hacer su sueño realidad.
A pesar de los múltiples oficios que tuvo que realizar, carbonero, chofer de tractor, cortador de caña, ordeñador de vacas, plomero y hasta locutor en Radio Vorágine, una emisora improvisada de medios rústicos; gracias a su voluntad y a la ayuda de José Da Silva, presidente de la disquera Lusáfrica, saltó Polo a la fama y los holguineros pudimos conocerlo antes de la tragedia ocurrida hace ya 16 años.
Desdicha que fue presentida una semana antes por un familiar. Ese día Polo pasó por las casas de sus hermanas Sixta y Paula para despedirse de ambas, debido a que se demoraría en venir a causa de un trabajo que tenía programado en La Habana.
Paula lo despidió con lágrimas, pues, según ella, en ese momento le rondó una aureola de fatídicos pensamientos. Solo logró decirle que tuviera cuidado con el carro...
El auto donde viajaban él y sus familiares se impactó contra una rastra estacionada en la oscuridad. Polo fue gravemente herido y falleció seis días después, el 26, estremeciendo al mundo, a su familia y amigos.
En Cuba, en medio de un duelo popular, se le dio el último adiós. Casi oscureciendo comenzó la ceremonia, con el Himno Nacional, un aplauso y la escucha de su canción “Un montón de estrellas”.
Pues como nunca antes, Polo Montañez, logró hacer lo que otros no pudieron. Su corto paso por la vida no lo imposibilitó, al contrario; aprendió, vivió, conoció, amó y disfrutó con orgullo campesino su fama. Su corto paso por la vida impregnó al mundo de cubanía.
En Holguín, en su nombre, fue fundada una sociedad cultural, la cual integra su viuda Adi García, su Flor Pálida. Fue creado un parque, el de la Amistad, en los bajos de los edificios de 18 plantas, donde se colocó el 18 de enero de 2009 una tarja a su memoria, e instituido más tarde un concurso de creación e interpretación musical, “Polo en Holguín”.