Festival de Cine de Gibara: donde "pobre" será siempre sinónimo de "rico"
Dicen que Gibara tuvo su encanto, en el tan lejano ya siglo XIX, por el hecho de haber sido, por aquel entonces, el principal acceso por mar a toda la zona norte del oriente cubano (con una posición geográfica privilegiada, relativamente cercana a Europa, un puerto de buenas condiciones para el resguardo de buques, y una fortaleza militar, la Batería Fernando VII, que protegía la entrada a la Bahía).
Y yo digo que hoy todavía tiene su encanto. Quizá no por su prosperidad económica, pero sí por su historia, su arquitectura, su gente...
Una fórmula que la hace encantada y encantadora, y locación preferida para artistas de la plástica, músicos y cineastas de Cuba y el mundo, quienes llegan a la Villa Blanca atraídos por una especie de imán que invita al regreso.
Como sucedió con Humberto Solás. La filmación allí, en el 2001, de la película “Miel para Oshún” lo hizo regresar dos años después, en el 2003, con la adorable y alentadora excusa de un festival de cine alternativo, que a pesar de los pesares (pérdida física de Humberto y con ella la disminución de la fuerza de los inicios en los más disímiles aspectos), se ha mantenido hasta hoy por la voluntad de algunos, haciendo a Gibara próspera, todavía más, en materia cultural.
Este evento, antes llamado Festival de Cine Pobre, ha preconizado desde sus inicios, y preconiza hoy, solo que de otra manera, por la labor de su actual Presidente, Jorge Perugorría, protagonista de aquella cinta que detonara en muchos el amor por la Villa Blanca: la esencia (la calidad del producto, independientemente de su presupuesto; y hoy además de esto, la obra creadora y la visión de su fundador, Humberto Solás, independientemente de cambios de nombre, ciertas concepciones y fecha). Porque es ella, la esencia, la que define todo, lo demás está por ver.
Aunque no se puede dejar de reconocer las bondades del recipiente, las bondades del cambio. Y la propia lógica del desarrollo lo indica: para que todo siga igual es necesario que todo cambie.
El Festival Internacional de Cine de Gibara (FIC-Gibara), heredero del Cine Pobre de Solás, en su edición catorce, y no en la segunda, como tanto se ha ‘pregonado’, con la ampliación de su espectro, ha logrado la recepción de una mayor cantidad de productos, y de mejor calidad, una significativa presencia de artistas de renombre nacional e internacional, y por ende, una revitalización de su Programa General, con el desarrollo de múltiples actividades, en los más variados horarios y lugares. Un verdadero orgullo para los gibareños, para nosotros los holguineros, para Cuba y el mundo; un tesoro que debemos cuidar y preservar, por Humberto y los amantes de la imagen en movimiento, por los que gustan hacer y hacen sin pensar en presupuestos e infraestructuras.