Hacia dónde irá Danza Espiral de Matanzas no lo sabe su directora Lilian María Padrón Cueto. Lo más importante para ella es seguir trabajando y continuar con sus “locuras”, como bien afirmó. No resulta complicado llegarle porque desde que la conoces te transmite esa sensación que solo se compara a la ternura que trasmite una madre hacia su hijo.
Ella y su Compañía, no es la primera vez que están en Holguín. La danza, su amistad con Maricel Godoy, directora de la compañía holguinera Codanza y el público de aquí, son algunos de los pretextos para regresar cada septiembre al Gran Prix Vladimir Malakhov en Holguín.
Por estos días celebran su 30 aniversario y Lilian ha confesado que disfruta el resultado de las contradicciones de los procesos creativos en cada obra.
“Desde la primera edición siempre hemos estado presentes. Existen muy pocos espacios, no solo concursos, sino espacios para dialogar, para ver lo que hacen los otros y no creo que se pueda perder una oportunidad así".
“Como único uno puede apoyar el movimiento danzario, aunque sea cuestionado o no, es el estar presente, mostrando lo que se hace. A veces pasan años y no puedes presentar tus obras”.
Danza Espiral tiene muchas maneras de concebir sus obras, en el que ningún proceso se parece al anterior. “Yo casi podía asegurarte que la mayoría de las obras surgen por una necesidad. Tengo que tener una necesidad muy fuerte para crear una obra, ya sea pequeña o grande, o sea, me refiero a tiempo, grande no hay nada".
Lo más importante para Danza Espiral es que cada nuevo montaje parta de un punto diferente, y no caer en pasos bonitos pero que no transmiten nada.
“Es por eso que no se puede hablar de una continuidad, de un hilo, es que precisamente eso es Espiral: es un punto que debe crecer y subir. Es estar en otro espacio, en otras condiciones, que es la vida real de cualquier agrupación”.
Confieso que al hablar con Lilian olvidé los ruidos que permanecían en el teatro. Ya había terminado la función, y solo los bailarines hablaban en voz alta preguntado por sus presentaciones y ultimando detalles para la jornada siguiente.
La danza tiene un lenguaje y bien pudiera tener muchos nombres, la llamaremos en esta ocasión Danza Espiral, para honrar a esta prestigiosa compañía matancera. Creo que para el próximo evento en la conversación con Lilian ya no habrá preguntas. Será un diálogo natural, sin cámaras de televisión como invitadas. Un teléfono celular será el principal testigo, preparado en ese momento para guardar otra vez la voz de una de las personas más simpáticas y sencillas, de las que tiene referencia este reportero en su corta carrera.