En lo más intrincado del monte en un caserío humilde, al que llamaban San Lorenzo, en las montañas de la Sierra Maestra, llegó después de su destitución Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, lugar por el que transitó los últimos días de su existencia, sin ninguna otra compañía que no fueran los recuerdos de la guerra de 1868 y los de su familia.