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Las Guerras revolucionaras en Cuba son orgullo de todos

24 Febrero 2017
Autor  Isabel Ríos Rodríguez

El reinicio de la lucha armada contra el colonialismo español en Cuba fue un glorioso hecho militar, orientado por José Martí, Máximo Gómez y el Partido Revolucionario Cubano (PRC), agrupación política creada para dirigir la lucha independentista, cuando prácticamente las fuerzas mambisas estaban a punto de lograr la independencia, la victoria fue arrebatada por la intervención de Estados Unidos.


El 24 de febrero de 1895, es sin dudas una de las fechas más importantes de nuestra historia, acción en la que se consumó mucha de las aspiraciones pendientes de la guerra del 68, entre ellas la organización de un Partido que respondiera a los intereses de los combatientes, el trabajo de los clubes, la existencia de un programa revolucionario de avanzada como el Manifiesto de Montecristi, y el dinero recaudado para la causa.
Unificar voluntades y hombres para la lucha, fue uno de los principales objetivos de Martí, luego reunir el dinero suficiente para adquirir el armamento y organizar los barcos, misiones que luego se concatenarían en las tres expediciones y el alzamiento.
Martí, el más universal de los pensadores cubanos del siglo XIX, inculcó a la propuesta avanzadas ideas sociales, aclaró que la contienda era necesaria e inevitable, y trató de hacerla breve y contundente, además insistió en que había que ocuparse para lograr la integración de esa masa de esclavos a un proyecto nacional. Pero existían divisiones entre los grupos diversos, y fue a través de los clubes revolucionarios que buscó a los hombres de buena voluntad, sin excluir a nadie.
Al mes siguiente del estallido revolucionario, el 25 de marzo, en la humilde casita del general Máximo Gómez, en Montecristi, República Dominicana, José Martí, como delegado del PRC y Máximo Gómez, general en Jefe del Ejército Libertador, terminaban de redactar el Manifiesto de Montecristi, documento del PRC que constituía el programa de la revolución. El Manifiesto explicaba al mundo las razones por las que el pueblo cubano volvía a empuñar las armas para luchar por la independencia y revelaba las ideas americanistas y de solidaridad con las naciones afines del hemisferio. También dejaba establecido que la guerra iniciada el 24 de febrero, era la continuidad de la lucha que comenzó el pueblo cubano en 1868.
El plan fue descubierto por las autoridades españolas y por consiguiente todo el material bélico y logístico acopiado fue incautado. A pesar del gran revés que ello significó, Martí decidió seguir adelante con los planes de pronunciamientos armados en la Isla, lo que fue apoyado por todos los principales jefes de las guerras anteriores y ese contratiempo, lejos de amilanar a los independentistas, levantó el espíritu revolucionario.
El pueblo de Cuba estaba sumergida en una crisis económica, matizada por la malversación de los presupuestos y una alta y férrea política impositiva de la corona española. Por otra parte, los cubanos carecían de derechos políticos, incluso a ocupar cargos en el gobierno. En ese escenario aparecieron partidos políticos que se oponían a la independencia de Cuba.
En ese contexto, crecieron los males sociales, pero a la vez estaban presentes condiciones subjetivas como la presencia de José Martí como líder, una fuerza dirigente como la del Partido Revolucionario Cubano, y una elevada conciencia de las masas que mantuvieron sus ideales independistas.
Que hidalguía la de estos hombres, que aunque sabían de la ausencia de materiales bélicos se levantaron en diferentes lugares para llevar adelante la gesta emancipadora en Cuba. Además supieron reconocer la grandeza del pensamiento de Martí que estuvo en la organización de la guerra y en la sabiduría para limar asperezas y aglutinar fuerza.
La guerra estalló el propio 24 de febrero de 1895 y aunque muchos historiadores aseguran que su inicio fue en el poblado de Baire, de ahí que siempre se le recuerde como el Grito de Baire, otros expertos aseveran que el alzamiento ocurrió de manera simultánea en varios puntos de la geografía nacional.
Esta gesta aunque superior en diversos aspectos a la Guerra de los Díez Años (1868-1878), tuvo una vez más el infortunio de que se repitieran errores de esa campaña, como la falta de unidad entre los jefes militares, algo que aprovechó Estados Unidos.
La ausencia de consenso entre los líderes de la campaña posibilitó que el país norteño encontrara una brecha para aniquilar los órganos representativos de la nación cubana. También se sumó la pérdida de líderes político-militares aglutinadores como Antonio Maceo y José Martí, quienes perecieron en el campo de batalla.
Estados Unidos contempló por 30 años la lucha del pueblo cubano, y puso su empeño en apoderarse de la mayor de las Antillas y así lo dejó en claro cuando impidió la entrada de las tropas mambisas (insurrectas) a Santiago de Cuba y con el Tratado de París, que ponía fin a la denominada guerra hispano-cubano-americana.
No obstante, el reinicio de la guerra el 24 de febrero de 1895 y toda su trayectoria sirvieron de enseñanza para tiempos posteriores desde el punto de vista político-militar, sobre todo en cuanto a la necesidad de un mando único.
En otro orden, muchos tomaron conciencia de que las previsiones de Martí, eran válidas para Cuba y el resto de América Latina, pues él supo comprender a tiempo del peligro que representaba el gigante del norte para los pueblos del continente.
A 122 años del reinicio de la guerra de 1895, los cubanos la recuerdan porque ella sentó las bases del ulterior triunfo revolucionario el 1ro de enero de 1959, triunfo que se nutrió del ideal y las doctrinas martianas.

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