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José Maceo el León de Oriente

02 Febrero 2017
Autor  Isabel Ríos Rodríguez

Valiente, audaz y con mucho orgullo de aportar a la independencia de Cuba, fueron rasgos que caracterizaron a José Marcelino Maceo Grajales que nació el 2 de febrero de 1849, en La Delicia, antigua provincia de Oriente.


José fue el tercero de los hijos de la familia Maceo Grajales, que con solo 19 años comienza su carrera militar en la Guerra de los Diez Años, ascendiendo desde soldado a coronel, grado que se le otorgó después de la Protesta de Baraguá.
Las montañas santiagueras fueron testigos de las acciones desplegadas por el León de Oriente en el siglo XIX, guerrero que luchó incansablemente contra el colonialismo español y demostró que la independencia se conquista con las armas en la mano.
Su hermano Antonio sentía seguridad cuando en alguna de las acciones libertarías participaba José, sabía que la osadía de su sangre no fallaba en defensa del ideal por el cual se incorporaron a la contienda.
La destreza en el uso del fusil, el manejo del machete como arma para defenderse, la agilidad y habilidad como jinete unido a la madurez de su pensamiento, fueron factores influyentes para que muy pronto se convirtiera en un verdadero guerrero.
De los Maceo Grajales fue el único que participó en las tres guerras por la independencia nacional y en ellas acumuló una extensa hoja de servicios y varias cicatrices en su cuerpo.
Ganó notoriedad y destaque militares, que le hicieron merecer el grado de general en abril de 1895. Como su hermano Antonio fue un activo participante en la campaña de Guantánamo y combatió en acciones como Rejendón de Báguanos.
José Maceo participó junto a su hermano Antonio en la Protesta de Baraguá. Ni siquiera descansó su batallar revolucionario durante la llamada "Tregua Fecunda", pues fue de los cubanos que en el exterior no dejó de aunar fuerzas para fortalecer la lucha de los cubanos en la emigración.
Desembarcó por Duaba, para reiniciar la guerra necesaria el 24 de febrero de 1895, en la que emprendió la lucha y sustentó numerosas acciones en la parte oriental de Cuba, siempre al frente de los combatientes.
Separado de sus compañeros tras el combate de Alto de Palmarito, atravesó maniguas y riachuelos hasta que logró contactar con los mambises guantanameros; se encontró luego con Martí, Gómez y los valientes que habían desembarcado por Playitas.
El 25 de abril, batió una columna enemiga en Arroyo Hondo; tres días después, le impusieron las estrellas de mayor general, honores que después de 121 años de su muerte son recordados por su pueblo, que perpetúa al león de oriente, no por su decoro, sino por su lealtad a la Patria.
Destierros, prisiones, persecuciones, intrigas, discriminación por el color de la piel le forjaron un recio carácter, que puso a prueba en las tres guerras de independencia donde se destaca su participación en alrededor de 800 combates.
Por los parajes orientales, bregó con su tropa y el 5 de julio de 1896 entabló férreo combate con fuerzas españolas en el que poco tiempo después de iniciada la lucha, los soldados, estupefactos, vieron como el general se desplomaba de su caballo soltando el revólver que tenía en la diestra.
Mortalmente herido es atendido por su médico que no da esperanzas de vida. Pocas horas después fallece, dejando un gran vacío en las filas del Ejército Libertador, pero dejó una impronta a los revolucionarios cubanos que aún lo recuerdan como el Gran León de Oriente.

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