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La caravana del triunfo revolucionario

06 Enero 2017
Autor  Manuel Zaldivar Mora

El pueblo fue todo vehemencia revolucionaria aquel ocho de enero de mil 959, cuando Fidel entró en La Habana con el Ejército Rebelde, tras un recorrido por la nueva Cuba.


A lo largo de más de mil kilómetros hasta la capital de Cuba, hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos, en fin, el pueblo, salieron a vitorear a los barbudos, aquellos hombres valientes y sencillos vestidos de verde olivo, que habían derrotado a la sangrienta tiranía de Fulgencio Batista Zaldívar.
Al llegar a La Habana, a Fidel le esperaban grandes emociones.
Durante todo el trayecto Fidel y los barbudos tuvieron que abrirse paso en medio de un mar de pueblo, ansioso por saludar al victorioso Ejército Rebelde y escuchar las palabras del líder de la triunfante Revolución cubana.
Era una imagen repetida desde días atrás, cuando la Caravana de la Libertad nació el primero de enero en Santiago de Cuba y siguió luminosa por Bayamo, Holguín y Camagüey. En Sancti Spíritus, Fidel dijo:
"Hemos triunfado porque creímos en el pueblo” y atronadores vítores estremecieron la ciudad.
Después continuaron por Santa Clara, Cienfuegos, Matanzas y Cárdenas. La Caravana de la Libertad, con Fidel, llegó a La Habana y se detuvo frente a la estatua del Generalísimo Máximo Gómez, avanzó hacia el Palacio Presidencial y luego se dirigió al otrora Cuartel Columbia. Allí, el Jefe de la Revolución dialogó largamente con el pueblo.
A lo largo de más de mil kilómetros hasta la capital de Cuba, hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos, en fin, el pueblo, salieron a vitorear a los barbudos, aquellos hombres valientes y sencillos vestidos de verde olivo, que habían derrotado a la sangrienta tiranía de Fulgencio Batista Zaldívar.
Al llegar a La Habana, a Fidel le esperaban grandes emociones.
Durante todo el trayecto Fidel y los barbudos tuvieron que abrirse paso en medio de un mar de pueblo, ansioso por saludar al victorioso Ejército Rebelde y escuchar las palabras del líder de la triunfante Revolución cubana.
Ya en la tribuna, tres blancas palomas de una casa cercana, atraídas por los aplausos y los reflectores que iluminaban el acto, que se extendió hasta la madrugada del día nueve, comenzaron a revolotear, hasta que una se posó en el hombro izquierdo de Fidel y las otras dos caminaban por el borde del podio.
El paso de la Caravana de la Libertad por el país nos llega hoy con el simbolismo patriótico que decenios de reafirmación revolucionaria le confieren ahora sin la presencia solo física del líder de la revolución pues continuara por siempre en los corazones de los miles y miles de cubanos agradecidos que habitamos esta Isla y decimos con nuestro actuar diario Yo soy Fidel.

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