Encuentro de lealtad y compromiso
Lugar donde Fidel y Raúl protagonizaron el histórico abrazo el 18 de diciembre de 1956.
FOTO: Luis Carlos Palacios
Cuando el 2 de diciembre de 1956 el yate Granma desembarcó en Los Cayuelos, a unos dos kilómetros de playa Las Coloradas, la aviación enemiga recibió con fuego a los 82 expedicionarios que zarparon en Tuxpan, asesinando, torturando o apresando a muchos de ellos y dispersando al resto del incipiente Ejército Rebelde.
En ese desventurado contexto, mientras la prensa internacional atiborraba páginas con titulares que aludían a la muerte de Fidel Castro, los rebeldes que habían sobrevivido, fueron reagrupándose paulatinamente. Así, aquel martes 18 de diciembre de 1956, el grupo de Fidel hizo contacto con el de Raúl en la finca El Salvador, de Mongo Pérez, ubicada en un lugar de Purial de Vicana, conocido como Cinco Palmas.
Aquella jornada significó más que un abrazo de hermanos y una frase entusiasta por el reencuentro Viva Fidel.
Este punto de encuentro fue seleccionado previamente por los organizadores de la red del desembarco, con el propósito de agrupar y organizar a los expedicionarios antes de que estos partieran hacia la Sierra Maestra, sita a unos treinta o cuarenta kilómetros del lugar del desembarco. Cuando esto hubo sucedido, luego de estrecharse en un emotivo abrazo, los dos hermanos protagonizaron un diálogo histórico:
-¿Cuántos fusiles traes? -preguntó Fidel a Raúl.
-Cinco.
-¡Y dos que tengo yo, siete! ¡Ahora sí ganamos la guerra!
Tal era el optimismo de Fidel, su firme convicción en la victoria, su férrea voluntad, y el compromiso con los compañeros caídos de proseguir la lucha, cualidades que contribuyeron a la formación del Ejército Rebelde, que palmo a palmo fue ganando terreno hasta consumar la definitiva victoria del Primero de enero de 1959.
En un pequeño sembrado de gramíneas dentro del que nacieron agrupadas, como los dedos de las manos, cinco palmas. Si ese simbolismo pareciera poco, existe otro detalle que torna aún más atractiva la historia: la finca que vivió el reencuentro de los hermanos, tenía un nombre hermoso: El Salvador.
El Comandante en Jefe Fidel Castro calificó aquella tarde como «una de las más hermosas» de los últimos tiempos. «Hace mucho que no veía una tarde como la de hoy. Un sol maravilloso y las montañas».
El histórico encuentro de Fidel y Raúl en Cinco Palmas constituye un símbolo de la fuerza de la razón, los ideales y el decoro de aquel puñado de valientes, que se lanzó a conquistar la libertad para nuestra Patria.