El siete de mayo de 1906 en su natal Holguín, provincia nororiental cubana, dejó de existir físicamente Lucía Iñiguez Landín, mujer sediciosa y tierna a la vez, heroína capaz de entregar su vida entera a la causa de la libertad de Cuba.
Lucia, patriota que germina como símbolo de cubanía, revolucionaria y luchadora incansable que a su paso por el tiempo dejó huellas de unidad, sueños y conquistas.
Nació el ocho de diciembre de 1819 y entre su descendencia estuvo un ilustre holguinero, el Mayor General Calixto García Iñiguez, su amado hijo que peleó en las tres guerras independentistas del siglo XIX cubano contra el colonialismo español.
Lucia, fue una de las tantas féminas que tuvo notable protagonismo en las luchas independentistas del siglo XIX frente al colonialismo español, en las que colectó fondos para los insurrectos, introdujo clandestinamente proclamas, cosió ropas para los mambises, preparó vendajes y envió alimentos a los campamentos insurrectos.
Lucía Íñiguez perdió a su esposo y todos sus bienes, pero en unión de dos de sus hijos, trabajó para ganar el sustento diario y ayudar así a la causa por la independencia.
Su valor y decisión la llevaron junto a su hijo a la manigua hasta que, en 1870, fue hecha prisionera por el ejército español y luego desterrada de Holguín a La Habana para mantenerla alejada de las zonas en conflicto en el oriente de la Isla.
El amor de madre lo demostró a cabalidad, así se conoce en muchas anécdotas. Una de las más recurrentes es la acontecida en ocasión de ser apresada por tropas españolas en unión de sus hijos, uno de los cuales, Nicolás, de apenas 15 años de edad, venía disfrazado de mujer, para evitarle la prisión o la muerte si eran detenidos.
El oficial español al mando de la tropa sospechó de la maniobra y así se lo hizo saber a doña Lucía, quien le contestó: "Si, es varón. Es mi hijo que traigo del campo mambí. Si usted me descubre probará que desconoce el santo amor de madre, si guarda el secreto será el primer caballero del Ejército Español".
Famosa es también aquella en la que un General español le comunica que su hijo Calixto había sido hecho prisionero por fuerzas españolas, a lo que doña Lucía ripostó: "No es que dude de usted, general, pero yo no puedo creer que mi hijo haya caído, ni caerá jamás prisionero de las tropas españolas. Calixto es mi hijo, y por lo tanto no debe rendirse".
Cuando el oficial le explicó que el cabecilla insurrecto intentó quitarse la vida antes de ser apresado, Doña Lucía respondió con firmeza: ¡Ah!, entonces ese sí es mi hijo Calixto. ¡Muerto antes que rendido!
La mujer holguinera como el resto de la nación pone muy en alto las cualidades de Lucia, porque en ella crece y se multiplica el corazón de la patria.
Desde 1983 sus restos reposan en el mausoleo erigido a su memoria al lado de una palma real, en El Bosque de los Héroes, detrás de la Plaza de la Revolución Mayor General Calixto García Iñiguez.
Allí acude el pueblo a rendir tributo a Doña Lucia Iñiguez Landín, esa madre amantísima y patriota de la mejor fibra, cuya entereza de carácter y sacrificio sin límites la destacan entre las grandes revolucionarias de Cuba.
A 112 años de su desaparición física, su semilla germina como símbolo de cubana, de revolucionaria y de luchadora incansable.
Sobre Lucia Iñiguez, el General de Ejército Raúl Castro Ruz expresó “Distinguida holguinera que entró en la historia como madre amantísima y patriota de la mejor fibra…ejemplo de mujer revolucionaria de los años duros”…
Así fue esta mujer inconfundible por valentía y por sus profundos sentimientos de humanismos, que hacen que las cubanas la recuerden y sientan el orgullo de ser como ella.