Las letras de grandes canciones solo pueden ser inmortalizadas por grandes voces de la música cubana. Los artistas son grandes cuando al pasar los años y las décadas su obra queda inmortalizada en cuadros, libros o grabaciones musicales.
Ibrahim Ferrer, es uno de esos grandes artistas, que se convirtió en una leyenda de la música cubana y latina, gracias al fenómeno musical Buena Vista Social Club. Ibrahim Ferrer Planas, nació el 20 de febrero de 1927 en un pueblo de San Luis, en la provincia de Santiago de Cuba.
Su vida fue difícil, casi muere del tétanos y a los 12 años de edad, quedó huérfano de madre y padre, con la necesidad de trabajar frecuentó más la calle que la escuela, vendiendo caramelos y palomitas de maíz. Sin embargo, Ibrahim Ferrer se aferró a la música como su aliada y a los 14 años formó un grupo junto a su primo para amenizar las fiestas del barrio. Se llamaron Los Jóvenes del Son. Ibrahim Ferrer fue una voz emblemática del son y de la trova tradicional de nuestra Isla.
La vida musical de este artista se puede dividir en dos etapas; la primera va desde el comienzo de su carrera hasta 1990 y la segunda, de 1997 hasta su muerte.
En 1957 se trasladó a La Habana y llegó a tocar en grandes orquestas, incluidas la Ritmo Oriental y la del gran Benny Moré, donde interpretó guarachas, sones y otros ritmos populares. En 1955, obtuvo un éxito con el disco El platanal de Bartolo.
Esto le dio algo de fama pero la canción tuvo repercusiones más amplias sin que su nombre apareciera en los créditos.
Dotado de una melodiosa voz, considerada por algunos musicólogos como campestre, natural y con sabor a ron, Ferrer lo mismo interpretaba sones que boleros, y desarrolló en una carrera de éxitos internacionales como nunca imaginó a partir su aparición en el famoso disco del Buena Vista ganador de un Premio Grammy. El líder de la Orquesta Buena Vista Social Club, Ibrahim Ferrer, falleció en La Habana, el sábado 6 de agosto de 2005.