Las estrategias trazadas en la Asamblea Nacional del pasado mes de diciembre, definieron la necesidad de priorizar las vías o fuentes de ingresos de divisas al país, a partir de un nuevo entorno, más agresivo desde lo externo, pero más preparado hacia lo interno.
En el orden interno la ley de inversión extranjera, la puesta en marcha de la zona especial de desarrollo del Mariel, las ferias comerciales, las rondas de negocios desarrolladas con empresarios de varias naciones, el fortalecimiento de las relaciones con China y el Caribe proporcionan un entorno favorable para acoger la inversión extranjera directa como fuente de financiamiento para el desarrollo del país.
Una de las direcciones que la carpeta de negocios del país presenta como una importante opción son las llamadas industrias de alta tecnología. En especial la biotecnología y sus variados productos.
Pero Cuba a diferencia de las monopólicas empresas que subordinan la demanda social, al precio del producto para obtener ganancias millonarias, se evalúa una adecuada correlación entre la demanda internacional, los clientes y la obtención de las ganancias necesarias para el desarrollo de nuevos productos.
En estas empresas, el conocimiento es el componente más importante del costo y el precio de cada producto y su capacidad competitiva en el mercado está definida por la innovación y la diferenciación de productos creados a partir de una incesante investigación generadora de nuevos productos y mercados teniendo como límite de sus producciones no el insumo material sino el conocimiento.
En Cuba estas industrias están presentes y convierten el capital humano y los desarrollos sociales fundados por la Revolución en el motor de su propio desarrollo, y una fuente nada despreciable de ingresos de divisas a la nación.