La alegría del triunfo de los campeones del equipo juvenil de esgrima, y su deseo de retornar a la Patria después de participar en el campeonato Centroamericano y del Caribe, celebrado en Caracas, Venezuela, fue truncado por terroristas de origen cubano al servicio de inteligencia estadounidenses.
En el pecho de los deportistas refulgían las preseas doradas ganadas en los juegos, medallas que nunca pudieron compartir con sus seres más queridos, muchos de esos atletas era su primer evento fuera del país y soñaban con el regreso a la patria.
Los jóvenes abordaron el DC-8 de Cubana de Aviación, que después de llegar a Barbados, se trasladarían a Kingston y posteriormente a La Habana, con 73 pasajeros en su interior.
Al despegar el copiloto concentró toda su fuerza y atención en el control general del avión, pero esto fue en vano, dos bombas descritas como dinamita o explosivo C-4 iniciaban su efecto.
El miedo comenzó apoderarse de los pasajeros, desesperados sin poder hacer nada, la muerte rondaba, acercándose minuto a minuto, el avión finalmente se estrelló a unos 8 km del aeropuerto con su carga de vidas humanas, quedaba confirmado que terroristas entrenados por la Agencia de Información Central (CIA), eran los responsables de tan vil acontecimiento.
La evidencia posterior implicó a varios individuos contrarios a la Revolución del exilio cubano que tenían vínculos con la CIA, además de algunos miembros de la policía secreta venezolana de aquel entonces, perteneciente a la denominada Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención, DISIP.
Varios documentos secretos desclasificados por el Departamento de Estados Unidos elaborados en 1976, consideran al terrorista internacional de origen cubano Luis Posada Carriles, hoy protegido en el territorio norteamericano, como el autor más probable del acto terrorista contra el avión civil de Cubana de aviación, que estalló en pleno vuelo.
Luis Posada Carriles negaría haber estado personalmente involucrado en el atentado, pero detrás de todo el plan estaba su mano ensangrentada de odio y de venganza contra un pueblo que defiende la Liberad, no obstante en su libro Los caminos del guerrero, escrito en 1994, facilitaría varios detalles del mismo.
El momento fue dramático y triste para los familiares de las víctimas, a bordo del avión venían 57 cubanos, 11 guyaneses y cinco coreanos, entre ellos trabajadores, estudiantes y deportistas que murieron en plena juventud.
Este fue el intento logrado de los 14 planes identificados que los terroristas de origen cubano concibieron para destruir de una u otra forma la Revolución, sin pensar en realidad las consecuencias de sus acciones.
Desde que se conoció la revelación de los documentos hace varios meses, no se ha iniciado ninguna acción judicial contra el terrorista Luis Posadas Carriles para investigar si la afirmación del Departamento de Estado de Estados Unidos es válida. La impunidad histórica protege a este y a otros extremistas cubanos en ese país, que persisten en emplear la violencia con fines políticos.
De la misma forma Luis Posada Carriles estuvo detenido durante ocho años mientras aguardaba una sentencia definitiva, pero eventualmente logró huir. Con posterioridad ingresó a los Estados Unidos, donde estuvo detenido por haber ingresado ilegalmente a su territorio, siendo liberado el 19 de abril de 2007.
La muerte no es verdad cuando se ha cumplido con la obra de la vida, sabia frase de José Martí, la cual está presente en la huella profunda que dejaron esos deportistas cubanos, que aunque no disfrutaron el triunfo, abrieron el camino a las nuevas generaciones de atletas del país.
Los cubanos recuerdan a sus mártires y todavía estremecen en el corazón de cada cubano las palabras del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, en la despedida del duelo, cuando expresó ningún cubano está solo en su dolor “Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla”.
Barbados se recuerda en la historia de Cuba como un hecho detestable, una ofensa, porque ese dolor quedará para siempre, como un verdadero acto de cobardía, pensar en el crimen desespera. Los familiares todavía lloran a sus seres queridos, porque hechos como este no se olvidan jamás.
El pueblo cubano no olvida el dolor de las familias que perdieron a alguno de sus hijos y, frente a quienes promueven el terror, continúa reclamando justicia y promoviendo la paz.