De fiesta la juventud holguinera
Cuando los hermanos Luis y Sergio fueron asesinados aquel 13 de agosto de 1957, solo tenían 18 y 17 años, respectivamente. Monstruoso crimen que recuerda en la historia aquel otro cometido en 1871 contra los estudiantes de Medicina.
Antes de salir de la casa le dijeron a su madre: "No temas, algún día te sentirás orgullosa de nosotros". Cinco minutos más tarde fueron asesinados por un esbirro de la tiranía.
De portal en portal, de esquina a esquina, casi en frase monocorde y telegráfica se escuchaba la noticia terrible: ¡mataron a Sergio y a Luisito! ¡Mataron a los hermanos Saíz, a los hijos del juez!, asesinados, por sicarios de la tiranía batistiana.
Los hermanos, después de pasar por casa de una amiga, se dirigieron al cine Marta. Ambos eran muy aficionados a las películas. Al principio, como todo adolescente, preferían las de acción; a Sergio, no obstante, siempre le gustaron las de tema histórico.
Al llegar al cine, Sergio se adelantó a comprar las entradas, mientras su hermano mayor se quedó conversando con unas muchachas. Cerca de allí, agazapado, acechaba el asesino, a quien las mismas autoridades batistianas habían contratado para el crimen. Lentamente se acercó al menor de los Saíz Montes de Oca. Abusando de su superioridad física, lo llevó hasta la acera y trató de pegarle. Al advertir lo que pasaba, Luis le gritó al hombretón que no continuara abusando de su hermano. El asesino comenzó a disparar. Esgrimiendo la pistola aun humeante, se dio a la fuga.
En la acera quedaron los dos adolescentes, ya sin vida. Una amiga de infancia, al acercárseles, recordó de pronto los versos que escribiera Sergio y que prefiguraron su muerte: “Cuerpos que yacen dormidos/ abrazados al cemento/ de una calle y una estrella […]”.
Después del levantamiento del 13 de marzo de 1957, los alumnos del Instituto de Pinar del Río, en solidaridad con los universitarios habaneros, se lanzaron a la huelga. Sergio leyó ante el asombrado claustro de profesores su informe ¿Por qué no vamos a clases? En ese documento, expresaba: “Ser estudiante no es solo repetir en un examen materias, la mayor parte de las veces aprendidas ligeramente, ni asistir todos los días a clases y hacer de vez en cuando una trastada (...)”
En lo que pudiera bien llamarse su testamento político, estos dos jóvenes concluían en ¿Por qué luchamos?: “No tenemos más que nuestras vidas, avaladas por un pensamiento justo y una obra inmensa que realizar y como ofrenda de devoción y desprendimiento, las hemos depositado en los brazos de la Revolución Cubana (...) sin más esperanza que ver algún día cumplidos estos sueños”.